Las artes escénicas rinden homenaje al dramaturgo valenciano Salva Bolta, fallecido en 2022. Un hombre de teatro con una dilatada trayectoria profesional, también como actor, director teatral, escenógrafo, que cultivó su entusiasmo por la cultura, tanto desde su faceta creativa como desde la gestión.
Un espectáculo con la participación de actores, directores, músicos, cantantes y amigos que, desde la admiración, quieren rendir homenaje a un artista prolífico que siempre será recordado por su pasión por el teatro, por la cultura, por el amor y por la vida.
Agraïments
Roberto García, Rosana Pastor, Maria Josep Peris, Teresa Lozano, Luis Luque, Vicent Domingo, Toni Pastor, Cristina Fenollar, Manuel Luque, Rulo Pardo, Nerea Moreno, Ángel Murcia, Andrés Navarro, Lara Salvador, Conchi Valero, Jesús Salvador Chapi , Carlos Simó, Rocío Marín, Manuel Ochoa, Pilar Martínez, Juansa Lloret, Pilar Navarro, Cruz Zanón, Ángel Burgos, Mona Martínez, Anita Gómez, Clara Esmeralda, Luis Santamaría, Mireia Olivet, Carme Portaceli, Alfredo Sanzol (CDN), Belén Domingo (CDN), Álex Francés, Armando Silvestre, Fernando Cerón Sánchez-Puelles, Natalie Pinot, Carmen Simó, Santiago Martínez, Eusebio López, Amparo Puig, Jorge Calvo, Pepe Doménech Part, La Sala (RNE), Olga Utiel, Lupe Valero, Manu Báñez, Rocío Bello, Juan Gallego, Rafa Real, Jesús Acevedo, Ramón Jiménez, Luis Miguel Cobo, Teresa Martín Ezama, Lola Moltó, Juli Cantó, Mª Ángeles Fayos, Sergio Lacedonia, Joan Carles Garés; Orquestra Ensemble d'Arts amb Carles Salvador, Ricardo Colubi, Carlos Apellániz, Rubén de la Rosa, Lluís Boronat, Sergio Soler, Daniel Ros i Miguel Berbis; Institut Valencià de Cultura, Diputació de València.
SALVA BOLTA, por Fernando Cerón Sánchez-Puelles
Definir a Salva Bolta como un auténtico hombre de teatro no sería solo una obviedad, sino que supondría una definición incompleta de su persona porque Salva no es un hombre de teatro más, Salva es teatro y todo lo que esto conlleva:
Salva es escenario, es proscenio, es butaca, es palco, es taquilla, es camerino, es foyer, es chácena. Salva es autor, es intérprete, es director, es apuntador, es programador, es espectador. Salva es coliseo, es corral, es sala, es auditorio. Salva es protagonista, es cómico, es dramático, es corista, es tramoyista. Salva es texto, es planteamiento, nudo y desenlace, es entreacto, es catarsis, es estreno, es ensayo, es éxito y fracaso, es aplauso. Salva es clásico, es emergente, es lírica, es comedia, es contemporáneo, es danza. Salva es aquí, es trayectoria, es carrera, es presente. Salva es Madrid, es Valencia, es nosotros, es Manuel.
Existe una broma cargada de ironía que dice que a los artistas hay que admirarlos, pero mejor no conocerlos. Definitivamente, tratándose de Salva, esta broma no se cumple porque a Salva cuanto más lo conoces, más lo admiras y más lo quieres. En él van intrínsecamente unidas la persona buena y el artista genial y esta indisoluble unión entre ambas explican con clarividencia su trayectoria personal y profesional, su manera de afrontar los retos profesionales y vitales y su forma exquisita y delicada de relacionarse con compañeros, colegas y amigos.
Todo da comienzo en una década esplendorosa de despertar cultural con la irrupción repentina de unas libertades hasta entonces amordazadas en la que está casi todo por hacer y con unos jóvenes artistas y profesionales de la cultura ávidos de experimentar, de crear y de innovar. Salva pertenece a esta generación de jóvenes de los ochenta del siglo XX que inicia su trayectoria en la escena en este contexto, licenciándose en arte dramático por la ESAD de su Valencia natal y comenzando a trabajar en su vertiente de actor
(Salva es protagonista, es cómico, es dramático, es corista, es tramoyista)
Son años de formación y de conocimiento y de estar atento a toda iniciativa teatral que suponga una visión nueva y arriesgada. Como no podía ser de otra forma, Salva es una pieza fundamental en las primeras ediciones de aquel festival, el VEO (Valencia Escena Oberta) que supuso para Valencia una ventana abierta de par en par a la creatividad y a la innovación escénicas. Su experiencia en aquel fantástico experimento le legitiman para, muchos años después, dirigir festivales como Escena Contemporánea en Madrid y en épocas más recientes Tercera Setmana en Valencia. En todos ellos la impronta de Salva significa trabajar a tumba abierta, huyendo siempre de lo obvio y evidente, sin temor al fracaso o a la incomprensión.
(Salva es autor, es intérprete, es director, es apuntador, es programador, es espectador)
Salva empieza a dirigir en los años noventa y la dirección de escena pasa a convertirse en un eslabón esencial de su carrera. Sin embargo, no es un director al uso ni por los textos que escoge ni por la forma de abordarlos. Además, nunca abandona ni descuida sus múltiples vertientes que lo definen como profesional escénico “trescientos sesenta grados”.
En su trabajo como director de escena brilla siempre una elegancia innata, reflejo de su propia elegancia, que le hace ir siempre como un auténtico pincel, herencia de su madre y sus tías. Resplandece además su extrema profesionalidad, rigor y respeto por los textos a los que se enfrenta ya sean textos del gran repertorio como textos de autores desconocidos. Es un defensor a ultranza del gran repertorio y no solo del más conocido como Brecht (
Happy end); Ionesco (
Delirio a dúo) o Beckett (
Días felices) sino también de ese gran repertorio mucho menos representado como Stoppard o el reciente premio Nobel Jon Fosse, tan escasamente representado en España hasta el punto de que Salva es el único director de escena en Madrid que ha llevado al escenario un texto suyo aunque este fuera en versión de lectura dramatizada (
Soy el viento). Este hecho dice mucho del nivel intelectual y la amplitud de miras de Salva Bolta y de su gran capacidad para ver oro en los textos que lee.
Su interés por el repertorio lo hace perfectamente compatible con su dedicación al descubrimiento de nuevos talentos y son muchos los que le deben su primera o una de sus primeras oportunidades de ser representados. Caben en esta categoría sus direcciones de textos de Lucía Vilanova (
Munchaussen); Rocío Bello
(Mi película italiana) o del todavía no muy conocido Alberto Conejero en 2016 (
Rinconete y Cortadillo). Un caso muy especial de entre todos ellos es el de Alfredo Sanzol con quien coincide en aquellas primeras ediciones de VEO y con quien entabla una relación de mutua admiración que conlleva que sea precisamente Salva quien recomiende a Gerardo Vera que sea Alfredo su ayudante de dirección en su primer montaje como director del CDN y para abrir el teatro Valle Inclán en 2006.
Y precisamente ambos, Salva y Alfredo junto con Ana Zamora son los encargados de llevar a escena el retablo de Valle Inclán
Avaricia, lujuria y muerte en ese mismo teatro en 2008. Estoy absolutamente convencido de que Valle habría quedado muy satisfecho y feliz con la lectura heterodoxa y radical que propone Salva de
La rosa de papel, dada la acreditada voluntad de Valle Inclán de agitar conciencias y remover pensamientos del público burgués de su época más acostumbrado a Benavente que al esperpento. ¿No es esto exactamente lo mismo que hace Salva en todos sus proyectos artísticos?
(Salva es texto, es planteamiento, nudo y desenlace, es entreacto, es catarsis, es estreno, es ensayo, es éxito y fracaso, es aplauso)
Es a principios de este siglo cuando Salva se traslada a Madrid al ser llamado por Gerardo Vera para ejercer el delicado y comprometido trabajo de coordinador artístico del CDN, labor que ejercerá durante prácticamente toda la etapa de Vera como director del CDN y hasta su salida en diciembre de 2011. Es una etapa de gran responsabilidad que ejerce con la maestría y elegancia que siempre le caracterizan y donde tiene la oportunidad de ejercer también como director de escena de algunos montajes que hemos mencionado.
(Salva es escenario, es proscenio, es butaca, es palco, es taquilla, es camerino, es foyer, es chácena).
Es en el CDN donde vuelve a demostrar su magnífico ojo para descubrir talento nuevo o escondido y para dar nuevas oportunidades. Ejemplo de ello es su montaje de
Munchaussen, texto de la muy poco conocida hasta entonces en el mundo teatral, Lucía Vilanova y en el que Salva conforma un elenco formado por grandes veteranos de la escena (Carmen Conesa, Teresa Lozano y Adolfo Fernández) junto con tres actores jovencísimos con escasa o nula experiencia en subirse a un escenario. Son David Castillo, Samuel Villuela y Macarena Sanz, conocidos en aquel momento los dos primeros por sus papeles televisivos y completamente desconocida entonces la tercera. Para los tres su participación en este montaje supone su entrada en el mundo del teatro y sobra decir la importante carrera teatral que los tres han construido desde entonces.
(Salva es aquí, es trayectoria, es carrera, es presente)
Empieza una década complicada, la de los años diez del siglo XXI, marcada por los estragos de una crisis económica despiadada que afecta al mundo de la cultura con especial saña y marcada por la precariedad y el desmantelamiento o adelgazamiento de proyectos culturales públicos hasta entonces incontestables. Tiempos difíciles en los que Salva transita como él solo sabe transitar: con dedicación, con optimismo, sin un ápice de amargura ni tristeza y por encima de todo con mucho amor. Amor por todos y amor con mayúsculas por Manuel con quien se casa después de que los invitados desfiláramos por un improvisado y sumamente peculiar photocall en la calle Atocha. Son tiempos de gran creatividad y felicidad a pesar de la situación del país y en los que Salva afronta proyectos que siguen marcando su carrera, aunque se le escatimaran por parte de las instituciones éxitos merecidos.
Y es en esta época cuando Salva pone en pie el festival Tercera Setmana en Valencia al que dedica un enorme esfuerzo y voluntad de conseguir de nuevo un escaparate de calidad y rigor para las artes escénicas más contemporáneas y emergentes. Pero si algo caracteriza a Salva es un permanente inconformismo y tras constatar la imposibilidad de llevar a cabo el proyecto planteado, decide apartarse por pura coherencia personal y profesional.
Llega la decisión a la vez muy meditada e inesperada del regreso a Valencia junto a Manuel, entre otras razones por la voracidad del mercado inmobiliario de Madrid. Deja un Madrid en el que ha crecido profesionalmente, en el que ha encontrado valiosos compañeros y cómplices, en el que ha disfrutado del amor a manos llenas, en el que en definitiva ha vivido la vida tal como es: compleja, difícil y feliz. Regresa a Valencia por el deseo de felicidad y tranquilidad que les ofrece su preciosa casa de L’Eliana en Valencia, un refugio donde recogerse, pero a la vez un lugar lleno de luz y esperanza
(Salva es Madrid, es Valencia, es nosotros, es Manuel).
Fernando Cerón Sánchez-Puelles