Paranimf de la Universitat Jaume I
Universitat Jaume I, Avenida Vicente Sos Baynat, s/n
Programación en colaboración con la Universitat Jaume I.
- Entrada general: 3 €
- Tarifa reducida: Carnet UJI, Carnet Jove, Miembro de SAUJI, Miembro de Platea, Carnets Anem al Teatre, de estudiante, de jubilado, de parado, de discapacitado, de familia numerosa y grupos de más de 10 personas: 2€
del 26 de septiembre al 13 diciembre de 2026
EN PANTALLA GRANDE: BÉLA TARR & LÁSZLÓ KRASZNAHORKAI
“Imparable, brutal, inquebrantable. Cuando el arte pierde a un creador tan radical, por un tiempo parece que todo será terriblemente aburrido. ¿Quién será el próximo rebelde? ¿Quién dará un paso al frente? ¿Quién lo destrozará todo? Béla, regresa.” Con estas palabras, el escritor húngaro László Krasznahorkai, galardonado con el Premio Nobel de Literatura en 2025, lamentaba la muerte, el pasado 6 de enero, de su amigo y colaborador Béla Tarr. Icono del cine europeo, su personalísima puesta en escena ha sido fuente de inspiración de algunos de los creadores más importantes de las últimas décadas: Pedro Costa, Apichatpong Weerasethakul, László Nemes o Gus Van Sant.
La deslumbrante puesta en escena de Béla Tarr se construye sobre largos planos secuencia en los que hipnóticos travellings convierten cada secuencia en un microcosmos autosuficiente. Nadie como él se rebeló contra un cine basado en la fragmentación del tiempo y del espacio. Es un estilo estrechamente relacionado con la prosa torrencial de Krasznahorkai, una escritura marcada por las frases largas, una puntuación mínima y atmósferas densas. Su fértil relación creativa comenzó en 1988, cuando ambos firmaron el guion de La condena. El punto álgido de su colaboración lo marcaron las adaptaciones cinematográficas de las novelas Tango satánico y Melancolía de la resistencia (bajo el título Armonías de Werckmeister). El escritor también firmó el guion de El hombre de Londres (2007), basado en una novela de Georges Simenon, y del último largometraje dirigido por Béla Tarr y su otra colaboradora habitual, Ágnes Hranitzky, la apabullante El caballo de Turín. Inspirada de nuevo en textos del premio Nobel, y compuesta por tan solo 30 planos secuencia, es una experiencia cinematográfica sin parangón.
No podemos hacer regresar a Béla Tarr, como pide Krasznahorkai, pero sí podemos invocar su legado de la mejor manera posible: proyectando sus películas en pantalla grande, donde el espectador encuentra el goce de la puesta en escena, la profunda emoción que se siente al contemplar la simbiosis perfecta entre fondo y forma, ética y estética. En el ciclo encontramos muchos de esos momentos de plenitud, como los planos secuencia que abren algunas películas: el lento movimiento que retrocede desde la vista de una ventana hasta el interior de una habitación en La condena, el travelling lateral que sigue a un grupo de vacas en Sátántángo, el que abre Armonías de Werckmeister con uno de los personajes escenificando un eclipse ante el resto de clientes de un bar o el virtuoso e intrigante arranque de El hombre de Londres, que crea una coreografía prodigiosa entre el movimiento de la cámara y el de los personajes.
La deslumbrante puesta en escena de Béla Tarr se construye sobre largos planos secuencia en los que hipnóticos travellings convierten cada secuencia en un microcosmos autosuficiente. Nadie como él se rebeló contra un cine basado en la fragmentación del tiempo y del espacio. Es un estilo estrechamente relacionado con la prosa torrencial de Krasznahorkai, una escritura marcada por las frases largas, una puntuación mínima y atmósferas densas. Su fértil relación creativa comenzó en 1988, cuando ambos firmaron el guion de
La condena. El punto álgido de su colaboración lo marcaron las adaptaciones cinematográficas de las novelas
Tango satánico y
Melancolía de la resistencia (bajo el título
Armonías de Werckmeister). El escritor también firmó el guion de
El hombre de Londres (2007), basado en una novela de Georges Simenon, y del último largometraje dirigido por Béla Tarr y su otra colaboradora habitual, Ágnes Hranitzky, la apabullante
El caballo de Turín. [...]
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